Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará Lucas 9:24
Cuando el tiempo vino para que Dios cumpliera los sueños de José, José mismo no tenía el menor interés en ello. Jesús dijo: Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará (Lucas 9:24). Dios quiere enseñarnos un nuevo conjunto de valores para que el tipo de cosas que queremos llegue a ser secundario. Dios tiene algo en mente mucho más grande que el interés con el que comenzamos.
El día de exaltación de José ha llegado. Aunque para esto, una real humillación había tomado lugar. Sabemos la humillación que José había experimentado durante 13 años después de ser vendido en esclavitud por sus hermanos, y entonces llevado a Egipto. Sabemos como fue acusado falsamente y llevado a prisión.
Entonces vino una nueva situación. José había tenido un triunfo y le fue dada exaltación, pero del tipo que nunca pidió. No parecía estar interesado en todo lo que estaba por suceder. Veía como el Faraón se quitaba su anillo y lo ponía en el dedo de José. José nunca pidió esto. Todo lo que quería es regresar a casa. Ansiaba regresar a Canaan, para ver a su padre y tener sus sueños cumplidos.
Por lo tanto, encontramos una extraordinaria incongruencia: una humillación en el corazón de una reivindicación. Un triunfo que fue lo opuesto de todo lo que él mismo pudo haber imaginado. José quería ir a casa, pero no había disponible un boleto solamente de ida hacia Canaan. Antes de que lo supiera tenía a Egipto en su bolsillo. Él nunca había orado por esto. Pero Dios quería Egipto. Lo que Dios quería es lo que José obtuvo.
A José le fue dado algo que podía confiársele, por que no significaba mucho para él.
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