Hace tiempo, mi familia y yo íbamos en el coche camino a Florida de vacaciones cuando mi mujer apuntó con el dedo la señal que había pintada en la parte de atrás de un camión. Se podía leer, “Nuestro recurso más valioso se sienta 63 pies por delante” (refiriéndose al conductor del camión). Eso me pareció asombroso. En esta era de auto-indulgencia corporativa, donde la avaricia manda normalmente, esto parecía muy reconfortante – una compañía que de verdad parecía valorar a sus empleados.
Tras ver este camión, recordé una conversación que tuve con un amigo hace dos años aproximadamente. Yo estaba realmente agobiado con el estrés y no era capaz de cumplir todo lo que quería hacer. Como resultado, había empezado a poner mucha presión sobre mí mismo para llegar a ser más productivo.
Decidí llamar a este amigo, que también hacía de mentor, alguien muy por delante de mí en el viaje espiritual y de la vida. Le pregunté, “Al, tienes muchas más exigencias en tu horario que yo. (Es dueño de varias compañías y viaja por todo el mundo trabajando en algunos proyectos de ministerio que apoya.) ¿Cómo te enfrentas a no terminar todas tus cosas cada día?”
No hay encuentros sin importancia. Al soltó una risita y contestó, “Jim, Dios se ocupó conmigo de eso hace mucho. Me encanta el progreso y amo terminar las cosas. Sin embargo, lo que Dios me enseño fue que las relaciones son más importantes. Así que, lo que empecé a hacer es, cada vez que un empleado entra en mi despacho – lo cual pasa a menudo – me esfuerzo todo lo posible por dejar a un lado en lo que sea que esté trabajando y centrarme en ellos, incluso si estoy en mitad de algo importante”.
“Me figuraba que Dios estaba trayendo a esta persona a mi vida en este momento por una razón - o para que ellos hablarán a mi vida o para que yo hablara a su vida. Entonces cuando estoy en una de estas conversaciones, hago hincapié en dejar a mis empleados terminar la conversación. En otras palabras, les doy el tiempo que necesitan”.
Estaba conmocionado. Me vino a la cabeza la frecuencia con la que no demuestro esto en mi propia vida, especialmente con mi propia familia. Mi actitud muy a menudo es, “No puedo hablar ahora. ¡Tengo que acabar algo muy importante!
Al ofreció un comentario adicional: “De la manera en la que yo lo veo, si honro a Dios en conversaciones como estas, El se encargará de lo que hay que terminar en mi lista de tareas”.
Su afirmación final parecía incluso más asombrosa. Tal vez mi mayor problema era mi falta de fe. A menudo tengo más fe en mi mismo para terminar el trabajo que la que tengo en la habilidad de mi Padre Celestial para motivarme a conseguir lo que necesita hacerse. Debido a mi “fe” puesta en lugar equivocado, a veces pongo las tareas por encima de la gente.
Esta comprensión estaba empezando particularmente porque uno de mis compromisos centrales en la vida es ayudar a la gente a crecer para convertirse en lo que Dios desea que se conviertan. Las relaciones deberían ser de vital importancia para mí. Aun así, demasiado a menudo fracaso en tratarlas así. Esta breve conversación era humillante – e instructiva.
Las relaciones son lo más importante. Tanto en el trabajo, como en casa, o en nuestras relaciones personales, la gente es nuestro recurso más importante. Y a veces ayuda que te recuerden eso. Como Jesús le digo a Sus seguidores, “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21). ¿Le estás dando más valor a las tareas o logros que a la gente que Dios a traído a tu vida?
© 2011 por Jim Lange. Jim es presidente con Truth@Work (www.christianroundtablegroups.com), un ministerio para la gente en el lugar de trabajo. Escribe un blog online regularmente, www.5feet20.com, y es el autor de un libro, Bleedership: Biblical First-Aid for Leaders. Él y su familia viven cerca de Toledo, Ohio, EE.UU.
Publicado originalmente en Inglés por CBMC INTERNATIONAL: Robert Milligan, Presidente.
www.cbmcint.org
Preguntas de Reflexión/Discusión
1. ¿En tu organización, dirías que el personal se podría describir como “nuestro recurso más valioso”? Explica tu respuesta.
2. ¿Piensas a veces que la gente se interpone en el camino de tu habilidad para terminar las cosas que requieren tu atención? Sí es así, ¿cómo afecta eso a tu trabajo – y tu interacción con la gente que interrumpe tus responsabilidades laborales?
3. El amigo del escritor, Al, dijo que cada vez que un empleado entra a su despacho, intenta dejar el trabajo a un lado – sin importar lo importante que sea – y se centra en ellos y sus necesidades. ¿Cuál es tu reacción a esa filosofía? ¿Parece realista? ¿Por qué o por qué no?
4. ¿Qué estás haciendo hoy deliberadamente para cultivar y fortalecer las relaciones que tienes en el trabajo, en tu casa o tu única “esfera de influencia”? ¿Qué cambios, si los hay, te gustaría hacer?
NOTA: Si tienes una Biblia y te gustaría revisar pasajes adicionales relacionados con este tema, considera los siguientes versos:
Proverbios 17:17, 18:24, 27:23-27; Mateo 7:12; Lucas 6:31; Juan 15:13; Efesios 6:5-9
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