Cuando trabajaba en el mercado inmobiliario, uno de los enfoques de tasación que usábamos a la hora de determinar el valor de una propiedad se denominaba “mayor y de mejor uso”. Si alguien venía y me decía: "He heredado 65 hectáreas. Por favor dime qué valor tiene", empezaría haciendo preguntas: "¿Dónde se encuentra?" "¿Para qué está siendo usada ahora?” "¿Para qué está siendo usado el terreno adyacente?"
Si el terreno estaba situado en mitad de Nebraska – plano, con buen suelo, con abundantes cantidades de agua disponible – yo diría que la propiedad valía miles de dólares por hectárea. Sin embargo, si las 65 hectáreas estaban situadas cerca de nuestro rancho en Dakota del Sur – con suelo pobre, montones de rocas, terreno accidentado, sin hábitat de vida salvaje, y con precipitaciones anuales mínimas de siete pulgadas al año – la propiedad únicamente valdría varios cientos de dólares por hectárea.
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