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La Iglesia, Las naciones y la Nueva Jerusalén.
¿Cómo terminará el mundo? ¿Un gobierno mundial controlará nuestro pensamiento? ¿Una religión mundial nos tentará a abandonar nuestra fe? ¿O un asteroide ejecutará la ira de Dios?. Toma tu opción. Mucha de la escatología popular enseñada en la Iglesia hoy aísla y previene de incluso considerar que hay un destino que gobernar las naciones como el cuerpo de Cristo. ¿Pero que dice La Escritura?.
Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios. Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubiesen sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero. (Apocalipsis 21:10, 22-27).
Ciertamente Apocalipsis anticipa grandes disturbios en el mundo, y desastres y persecución de Cristianos, pero en el fin hay una gloriosa visión de la ciudad de Dios(18). La revelación de Juan es instructiva tanto por lo que no nos dice, como por lo que nos dice. No nos dice qué iglesias estarán en la Nueva Jerusalén, de hecho, menciona específicamente que no habrá templo. El templo representa la religión organizada. En vez de eso, Dios y Jesús están ahí, ¡y son las naciones las que caminan por su luz, no las iglesias!.
Sí, no es el llanto unido del movimiento moderno de naciones "Una iglesia para cada grupo poblacional". ¿No es el propósito de la Iglesia el producir más iglesia? ¿No es el objetivo del movimiento de misiones el plantar iglesias? ¿Dónde, entonces, están las iglesias en la Nueva Jerusalén? Por supuesto, no hay iglesias ahí, pero nosotros no estamos ahí todavía, por lo que necesitamos iglesias aquí. El propósito de la Iglesia es preparar las naciones para su destino en la Nueva Jerusalén. Aunque muy a menudo, el movimiento de misiones ha sido motivado a apresurar el retorno de Cristo predicando el evangelio a cada nación con poco énfasis en ver que el evangelio transforme todas las áreas de esas naciones. En realidad, la Salvación no es el fin de la tarea, sino solo el principio, la puerta a través de la cual las naciones puedan entrar a su destino con Dios.
Comenzar con un fin en mente.
El mundo termina en una relación, no en una religión organizada. Dios está interesado en un pueblo que Él ha llamado suyo. Él describe su pueblo como una reunión de las naciones, no como una reunión de las iglesias. Es la gloria de la persona de Dios y de Jesucristo, el Cordero de Dios que dirige las naciones a la Nueva Jerusalén, no a las tradiciones religiosas de la iglesia institucional. Jesús dijo "Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo." (Juan 12:32). Apocalipsis 21 es el cumplimiento de esta profecía y sucede cuando las naciones ven la persona de Jesucristo levantado en su cultura, en su sociedad, en su destino como grupo poblacional Cuando las naciones ven a Jesucristo como la verdadera fuente de todo lo que es bueno, por el creado (Colosenses 1:16); cuando ellas lo vean como quien tiene la autoridad para juzgar (2 Timoteo 4:1) y cuando ellas lo vean como el sanador quien restaurará lo que fue perdido y corregirá todo lo malo (Apocalipsis 21:4).
La historia de la humanidad comienza en un edén y termina en una ciudad. Comienza con Dios declarando su creación "buena" y termina con la declaración "Yo hago todas las cosas nuevas". Comienza con un mandato para Adán "Fructificad y multiplicaos" y termina con la reunión de la multiplicación de Adán, un fruto redimido y santificado por la cruz de Cristo, un fruto que representa la diversidad cultural de las naciones, un fruto que muestra toda la extensión de la gloria de Dios en toda la creación.
Bien, si queremos cambiar la forma en la que hacemos misiones, debemos comenzar con el fin en mente. Debemos considerar lo que significa "las naciones" entren en la ciudad santa, qué significa para el Rey de la tierra el llevar su esplendor a la Nueva Jerusalén, y lo que significa para Jesucristo el ser levantado en una cultura y sociedad en la que Él puede atraer las naciones a Él.
Cuando comprendamos completamente que la Iglesia es un medio para el fin y no un fin por sí misma, iremos a nuestro destino como agentes de Dios para llevar a cabo su propósito en la tierra.
Discipular naciones es el propósito de la Iglesia.
Si la intención de Dios es tener naciones ante Él en la Nueva Jerusalén, ¿Cómo sucederá? Dios prometió a Abraham en Génesis 22 que a través de él y su simiente, Dios bendeciría a todas las naciones. Esto es conocido como el Pacto con Abraham. Es uno de los fundamentos bíblicos para el movimiento moderno de misiones. La última instrucción de Jesús a sus discípulos fue "discipular naciones" (Mateo 28). ¿Por qué? Por que es así que Dios bendecirá a las naciones. Así que, plantando una iglesia en un poblado no alcanzado es solo el principio de discipular una nación, no el fin. Una vez que un poblado es introducido al evangelio el siguiente paso es que conozcan lo que significa vivir el evangelio en todas las áreas de la sociedad para que la nación sea bendecida económica, social y culturalmente. Esta es la gran tarea de la Iglesia, y a la fecha ha fallado miserablemente. Gasta más tiempo dinero y energía sobre que debe ser la iglesia de Dios y deja a Satán "el gobernante de este mundo" definir qué debe ser la cultura, la economía, el gobierno, la ciencia, la tecnología, la salud y la educación, la familia, y las estructuras sociales. Quizá si la Iglesia descubriera qué es la economía de Dios o como debe ser una sociedad piadosa, podría desafiar el orden existente con una nueva forma de hacer las cosas. Y quizá en esta nueva forma, la forma de Dios, en todas las áreas de la sociedad, permitiría a una nación el descubrir el bien de Dios y entrar en una completa identidad como gente con una cultura y sociedad que glorifica a Dios, una gloria y honor dignos de la Nueva Jerusalén.
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