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escrito por Robert J. Tamasy   
La “tontería” de La Navidad
Por: Robert J. Tamasy
 
Si quisieras comunicar un poderoso mensaje para máximo impacto, ¿Cuál sería tu estrategia? ¿Calendarizarías una gran conferencia de prensa – o lanzarías una gran campaña de anuncios y relaciones públicas – con mantas, banda musical y platillos? Quizá podrías contratar a una celebridad o a un atleta para reforzar tu mensaje. O quizás introducirías spots en los más populares programas de radio y TV.

 
De una u otro forma, tu meta probablemente sería alcanzar la más alta visibilidad para ti, tu compañía y tu mensaje. “Si lo tienes, haz gala de el” dice el viejo refrán.

 
Esto es por lo que la historia de Navidad es tan sorprendente. Corre diametralmente opuesta a los principios comúnmente aceptados de un mercadeo efectivo. Un bebé – Jesús, el anunciado Hijo de Dios – nació en un tiempo, en un lugar, en un grupo de gente que virtualmente garantizaba que la ocasión de su nacimiento pudiera recibir poca, o ninguna, atención inicial. Considera lo siguiente:

 
Un oscuro tiempo. No había Internet, tv por cable, radio o periódicos en el Israel de hace 2,000 años. No hubo un boletín de últimas noticias con este evento. De hecho los académicos dicen que los magos que vinieron a ver a Cristo niño pudieron llegar hasta dos años después de nacido.

 
Un oscuro lugar. Jesus no nació en una gran ciudad. Nació en el diminuto y oscuro pueblo de Belén, difícilmente un cruce de comercio y cultura.

 
Un oscuro grupo de testigos. Aquellos quienes pudieron atestiguar de primera mano fueron un inverosímil grupo: una pareja adolescente; algunos animales de establo; y un puñado de pastores, hombres de la más baja capa de la sociedad quienes se sentían más cómodos con las ovejas que con la gente.

 
Dios pudo haber esperado hasta que las noticias pudieran ser reportadas por CNN, en las más grandes cadenas de televisión, en innumerables sitios de Internet y en las más populares revistas y periódicos. Referente al lugar, pudo haber seleccionado New York, Hong Kong, París, o alguna otra gran ciudad cosmopolita donde los centros de comunicaciones pudieran instantáneamente esparcir la noticia alrededor del mundo. Y seguramente podría haber mejores testigos que iletrados cuidadores de animales de granja.

 
Pero como Dios explica a través de la Biblia, “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos” (Isaías 55:8), y “Por que lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres” (1 Corintios 1:25).

 
Dios no escogió una estrategia de comunicación masiva por que Su mensaje es mejor transmitido en una forma individual, de una persona a otra. Lo que Él ofrece no es una nueva filosofía o ideología, sino radicalmente una nueva vida. Los seguidores de Cristo celebran la Navidad debido al incomparable regalo que Dios extiende a todos los que creen: “Por que de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

 
Millones alrededor del mundo consideran a Jesús como un modelo o patrón para vivir apropiadamente. Él es esto, pero Él es mucho más que esto. A través de su muerte, sepultura y resurrección, Jesús también proveyó los medios para vivir la vida como Dios lo planeó desde el principio. “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cuál me amó y se entregó a mi mismo por mí” (Gálatas 2:20).

 
En esa primer Navidad Dios dio – y Él continúa dando hasta hoy. La pregunta es: ¿Tú has recibido el regalo que Él te ofrece?, ¿El regalo de perdón a tus pecados y nueva vida – en Cristo – y puedes experimentar la vida como Él desea que la vivas? En Juan 1:12 promete: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;”.

 
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